jueves, 25 de octubre de 2007

Pero... porque?

“Un socabuco”. Un socabuco es una “patada espiritual” en la cabeza que modifica la realidad de las cosas. Eso fue lo primero que escuche cuando comente a mis amigos mi intención de hacerme arbitro de baloncesto. Todos al unísono clamaron al cielo e intentaron hacerme cambiar de idea, para bien o para mal no lo consiguieron.

Todos saben lo que siente un jugador, o un entrenador, todos hemos pasado por una etapa en la que hemos hecho una de las dos cosas o ambas, pero… ¿qué siente un arbitro?. Supongo que alguien se tiene que haber planteado esta cuestión. La respuesta es mucho más sencilla de lo que realmente puede aparentar, es simple, siente lo mismo que cualquier jugador o entrenador, tristeza, ilusión, alegría, desilusion, rabia, satisfacción, impotencia… Un arbitro no es tan distinto del resto de gente que ama este deporte, de hecho le une lo mismo que al resto, la devoción y el amor hacia el baloncesto.

Es bastante obvio que la mayoría de árbitros que nos encontramos “por esos campos de Dios”, no nos ganaremos la vida arbitrando, y en ocasiones lo único que conseguimos es llevarnos disgustos, por que aunque haya gente que no lo crea los árbitros también somos personas, y como tal, somos conscientes de nuestros errores, y cualquier ser vivo se siente mal cuando se da cuenta de que ha estado desafortunado. Entonces… ¿por qué?, ¿por que elegir el camino mas odiado y mas dificultoso para estar vinculado con el mundo del baloncesto?, ¿por qué encarnar la odiada figura del juez, cuando se puede elegir otro rol?. Simplemente la respuesta es por placer, muchos cuando lean esto pensaran “por el placer de pitar una Técnica o expulsar a alguien”, nada mas lejos de la realidad, por el placer de disfrutar de este nuestro deporte, por que al fin y al cabo el baloncesto es de jugadores, entrenadores, aficionados y si, también de los árbitros, todos colaboramos y luchamos para que tenga mas importancia cada día en esta futbolística sociedad en la que vivimos.

Cuando suena tu despertador un sábado por la mañana temprano, y sales por la puerta de tu casa camino de cualquier cancha, piensas, piensas y deseas no tener un partido complicado, no tener enfrentamientos estúpidos ni con jugadores ni entrenadores que tengan su corazoncito a mas revoluciones de las debidas, piensas en estar frío y dialogante, en conseguir controlar tus pulsaciones y en no cometer errores. Pero amigos… en muchos casos esto no es posible, nunca llueve a gusto de todos, siempre habrá alguien que este en desacuerdo con alguna decisión tomada. No existe el partido perfecto, ni el arbitraje perfecto. Tengo un amigo que dice que el problema de los árbitros es que son personas, y que todas las personas se equivocan, que no existe nadie infalible. Tiene toda la razón, pero este hecho no vamos a poder cambiarlo, de manera que hay que aceptarlo de la mejor manera posible. Un jugador o un entrenador cuando hacen un mal partido se van tristes, cabizbajos, a su casa, pensando que hicieron mal y que deben mejorar para el siguiente encuentro, ¿el arbitro?, No hay diferencia tampoco en este tema, nosotros también nos vamos pensando en que nos hemos equivocado y que hacer para que no vuelva a ocurrir.

En fin, lo importante es que da igual como seamos mas altos, bajos, gordos, delgados, o como vayamos vestidos, de gris, de rojo, blanco, azul, amarillo, con pantalones cortos, largos. Las formas dan igual, lo realmente importante es que todos amamos el baloncesto, y todos hacemos lo que esta en nuestras manos para que tanto nosotros como los que nos rodean disfruten con este deporte, nuestro deporte, el de todos.