jueves, 29 de noviembre de 2007

Retorno al inicio

Dicen que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, lo mas probable es que el asesino morboso lo haga a sabiendas, por el morbo claro esta, y luego estamos el resto, que por devenires de la vida estamos obligados a pasar una y otra vez por el lugar del asesinato, o que por una serie de catastróficas desdichas (como reza el titulo del film) nos vemos envueltos en una cascada de acontecimientos que nos devuelven al lugar del delito. Este último es mi caso. Sabido es por la mayoría, mi condición laboral actual, criticada por unos, admirada por otros, el caso es que dicha situación me proporciona facilidades para recibir cursos de formación por parte de la empresa con mayor numero de trabajadores de España, (el INEM), y el ultimo curso al que estoy acudiendo se encuentra localizado a tan solo 50 metros de mi antiguo instituto. Ese fantástico centro publico de enseñanza donde hace algo más de 14 años, mutile a aquel jovencito inocente que era yo. El asesinato se perpetro poco a poco con diurnidad y alevosía, día tras día, sin darme cuenta, empecé a vivir experiencias que para bien o para mal me han convertido en lo que soy ahora (no describo lo que soy, eso os lo dejo a vosotros, para que aprovechéis si queréis la oportunidad de criticar, jaja).

Mentiría si dijera que todo aquello esta igual, hay muchas cosas que han cambiado, pero he de reconocer que el alma del sitio sigue siendo el mismo, quizás no el del instituto, donde ahora mismo el 70 % de los alumnos son inmigrantes o hijos de inmigrantes, pero si el ambiente que se respira del barrio, es como si no hubiera pasado el tiempo. Depende de quien seas cuando leas esto pensaras que el hecho de que las cosas no cambien es bueno o es malo, a mi parecer hay un poco de todo, “El que faltaba” sigue estando allí, pero ya no se si pone esos fantásticos bocatas de oreja a la plancha, no tiene mucha pinta a decir verdad, el otro bar que estaba al lado, no recuerdo el nombre, pero si, que era famoso por sus bocadillos de calamares, bien pues ya no existe, la puerta del instituto esta siempre cerrada y para entrar o salir tienes que pedir permiso por un telefonillo, el parque de al lado esta vacío… sinceramente la zona no ha cambiado físicamente pero la imagen que tiene el barrio es de estar muerto, los edificios cada vez mas oscuros, la media de edad de la gente mucho mas mayor, alguna otra tienda cerrada por que sus dueños ya están jubilados, da la impresión de que todo se va consumiendo poco a poco, como si se quedara sin vida, eso me entristece por un lado pero por otro me anima a seguir adelante, a seguir luchando como lo he hecho siempre hasta ahora, para no convertirme en otra persona mas que se autoconsume, porque no tiene mas ambición en la vida que levantarse, trabajar, llegar a casa y irse a dormir, día tras día, sin objetivo alguno.

No puedo evitar esbozar una sonrisa cuando recuerdo momentos o caras que siempre he asociado a aquella zona o época y que ahora no están allí, no quiero cambiar mi imagen y mi memoria de todo aquello, quiero seguir teniendo mis recuerdos buenos y malos de cómo era todo. Quiero cerrar los ojos y poder ver como era aquello hace tiempo, y evocar una época que ha marcado mi vida. El problema es que uno no siempre puede estar con los ojos cerrados por ello lo mas conveniente es aceptar la realidad, por triste que parezca y mantener los ojos bien abiertos, no olvidar nunca de donde venimos, ni como hemos llegado a ser lo que somos, respetar nuestros orígenes y vivencias y dedicarlas el tiempo y el lugar que se merecen sin agraviar nuestra realidad actual, pues en ella debemos vivir y disfrutarla tal y como hicimos en su momento con lo que ahora recordamos.

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Sabiduria?

Todos sabemos que la perfección es muy improbable, incluso la naturaleza con todo lo sabia que suponemos que es, también es imperfecta. La prueba mas clara de ello somos nosotros mismos, el ser humano.

Toda mi vida he oído consejo e historietas de gente más mayor que yo, de gente adulta y experta, diciéndome que debo hacer una cosa u otra, que es lo más conveniente para mí. Durante todo ese tiempo he pensado… “Ellos que sabrán, al fin y al cabo es mi vida, yo la vivo como quiero y hago lo que quiero, su vida no es igual que la mía, la mía será distinta mi no me pasara lo que les ha pasado a ellos…” Craso error, me he vuelto a equivocar una vez mas y esta vez me he dado cuenta de que no va a ser la ultima.

Paseo por campos de entrenamiento y miro, observo, me animo, me divierto, pero… también me entristezco. Veo jugadores/as, mejores y peores, no los juzgo por su calidad, seria demasiado fácil, este si vale, este no, este puede ser… Quiero ir mas allá de un juicio de aptitudes, APTITUDES, nunca confundir con actitudes, que es precisamente de lo que trata esta entrada. Veo como la naturaleza es injusta e imperfecta, ¿por qué?, ¿Por qué con edades tan pequeñas concede tanta capacidad de aprendizaje y talento físico cuando no hay excesivo interés por los conocimientos?.

Giro la cabeza y veo a un grupo de chavales hablando entre ellos mientras su entrenador se desgañita intentando explicarles el objetivo y la funcionalidad de un ejercicio. A ellos parece darles lo mismo, es lógico, son pequeños, su capacidad física y de aprendizaje es máxima, pero su capacidad de concentración es muy baja, para ellos es mucho más importante lo que dijo su compañero de clase cuando recibió la nota suspensa del ultimo examen, que lo que les diga el entrenador de turno. Pero.. Ayyyy amig@, habrá un día en el que ignores a tu compañero, que olvidaras el ultimo examen y devoraras las palabras que estas oyendo, solo deseo que ese momento no sea tan tarde como presumo que será…

¿Por qué los entrenadores mejoran como jugadores cuando empiezan a entrenar?, la respuesta es sencilla, interés, constancia, ganas de aprender, las mismas que te faltan cuando eres mas pequeño. Cuando creces te das cuenta que podías haber aprovechado mas el tiempo, para hacer algo que te gusta, que amas, ansias que alguien invente algo similar a una maquina del tiempo para retroceder en el mismo y cambiar tu grado de concentración, tu manejo de balón, tu bote, tu numero de repeticiones de ejercicio, tu tiempo perdido, a la larga tus conocimientos… Lo complicado de esto, es que esa maquina del tiempo no existe, y lo que tienes, es lo que eres, de manera que lo único que puedes hacer es intentar inculcar esos valores que añoras no haber tenido a todos esos niños que están por esos campos de entrenamiento.

¿Lagrimas? Si es cierto mas de una y más de dos se han derramado en esos campos por niños que han perdido un partido. ¿Enfados? Por supuesto nadie lo niega pero… ¿qué pasa 3 días después del partido?, la cosa esta mas calmada el “berrinche” no es tan grande como a la finalización del encuentro, parece que las cosas vuelven a ser como eran, relax tranquilidad, andamos en vez de correr en los ejercicios, falta de tensión… etc. Es entonces cuando miras al cielo y te preguntas, ¿por qué? ¿Por qué vuelvo al estado inicial?, cuantos partidos hay que perder o ganar para darse cuenta de que lo que quiero mas allá de una victoria o una derrota es aprender y mejorar cada día. El hecho de que toda la vida haya hecho algo no significa que sea lo correcto, solo significa que hago constantemente lo mismo ni mejor ni peor, lo mismo.

¿Solución? Un cuerpo de un niño joven con una capacidad y ganas de aprendizaje de una persona mayor, ¿imposible?, No, solo improbable.

Quizas en este caso, lo asocio al baloncesto como ejemplo facil, puesto que como todo el mundo sabe, es una parte bastante importante de mi vida, pero para bien o para mal no todo es baloncesto (creo que para bien, sin duda), hay otra muchas cosas en la vida por las que luchar, pero lo que esta claro es que lo que hay que hacer siempre pase lo que pase es eso… LUCHAR…