miércoles, 9 de abril de 2008

La corta estancia en Irlanda

Si es cierto, hace tan solo algo mas de 7 meses que he estado aquí, también es cierto que como dicen ciertas personas que conozco parezco estar obsesionado con esto. No lo niego es muy probable que sea una cabezonería sin sentido, inducida por algo que ignoro. Pero si suprimiésemos las conjeturas, y los hechos “sin importancia”, analizando la realidad que pueden ver mis ojos ahora mismo, quizás entonces algunos de los que hablan de obsesión, solo quizás, opinarían y sentirían lo mismo que yo.

Observar algo de sol, un sol tibio, que como en el resto de este hemisferio en esta época no calienta mucho mas que unas brasas a punto de extinguirse después de una larga y fría noche. Un sol que es ahogado por unas nubes tercas y oscuras que juguetean con el impidiéndole que éste muestre todo su esplendor, ellas juegan para que nosotros veamos la realidad de esta tierra, sus claroscuros, su colorido, mientras él, solo lucha, se defiende, se escapa entre ellas para iluminar lugares en los que nosotros ni siquiera habríamos reparado de no haber sido gracias a él.

Además mientras todo esto sucede allí arriba, en un paraje mas terrenal, el juego y la batalla dejan su lugar a la belleza de un mar azul que aquí cerca de la costa tiene una fuerte tonalidad verdosa pero que conforme se aleja la vista hacia el horizonte resulta casi imposible determinar donde acaba el mar y donde da inicio nuestra gran cúpula azul.
Las olas golpean furiosamente las piedras como queriendo echarlas de este mundo, una y otra vez se estrellan contra ellas mientras un par de gaviotas situadas encima de un risco parecen reírse del mar por su ineficacia para hacerlas desaparecer, en este instante una de las gaviotas levanta el vuelo y con dos fuertes aleteos se eleva, planea, se mantiene casi sin esfuerzo debido al viento que corre, su otra compañera no tarda en seguirla y ponerse a la misma altura, en ese instante ambas bajan en picado hacia el mar, hunden sus cabezas en el agua, una de ellas ha conseguido atrapar lo que parece un pequeño pez. Vuelan una detrás de otra hasta unas rocas cerca de la orilla y allí se disputan la pieza sin percatarse que el mar esta a punto de tomarse justa venganza contra ellas por su continua mofa anterior, una ola se abalanza sobre ambas teniendo éstas que abandonar su presa por miedo a un chapuzón no deseado. Es entonces cuando todo vuelve a su sitio, la presa al agua, las gaviotas al risco, el mar a su incansable y eterno trabajo de erosión con las rocas, y yo… bueno yo no vuelvo a ninguna parte, o al menos eso es lo que me gustaría, no volver y quedarme aquí, en Irlanda, para siempre…

No hay comentarios: