lunes, 5 de mayo de 2008

Pues... el retorno desgraciadamente no se hizo esperar

Como ya sabéis he vuelto, al final no me quede en Irlanda (aunque quedarme allí sea uno de mis sueños...), de hecho volví hace bastante tiempo, a mi por lo menos se me ha hecho larguísimo y solo han pasado tres semanas… ufff… Ya estoy de nuevo aquí añorando otra vez el especial olor a tierra mojada que hay allí, el “odioso” y a la vez encantador clima, las nubes correteando por el cielo, y los intermitentes e intensos aguaceros. Lo bueno se acaba, si no fuera así, si no hubiera mediocridad no sabríamos apreciar como es debido los buenos momentos ;-) .

El caso es que una vez he vuelto a la realidad, me toca enfrentarme no solo con el duro y rechinante trabajo, ojala fuera solo eso, ciertamente es algo más, algo que engloba al trabajo, pero que por increíble que parezca no es su máximo exponente. ¿Qué de que se trata? Pues para mi es evidente, hablo de la rutina, de la siempre odiada rutina, del mismo despertador a la misma hora, de la gente de siempre en los sitios de siempre, de idénticas preguntas, con quizás respuestas distintas, pero con el mismo objetivo por parte del “entrevistador”, ¿De veras crees que a toda la gente que nos pregunta que tal el fin de semana o las vacaciones realmente les importa?, jeje es bonito pensar que si, pero en mi opinión en la mayoría de los casos no es cierto, de ahí quizás nuestras respuestas tipo: “Bueno no ha estado mal” o “Nada del otro mundo” sin dar muchos mas detalles, esas contestaciones destilan un tufillo de “venga va, ya has cumplido, no hace falta que preguntes mas…”.

Mientras enciendes tu ordenador deseas que una mano eléctricamente divina haya formateado tu disco y tu jefe te diga que vuelvas mañana, pero no, ese tipo de cosas desgraciadamente solo pasan en las películas, en la vida real arrancas tu equipo, abres tu correo y te encuentras con 300 mails que contienen nuevas tareas y tareas antiguas, las típicas que se supone tenia que haber resuelto tu compañero dos mesas a tu izquierda, pero que no "ha podido”…
Cuando impactas brutalmente con estos acontecimientos, lentamente un, al principio pequeño, sopor empieza a invadirte y de pronto cuando has conseguido eludir ese sueño durante lo que para ti han sido cuatro años de vida, alguien se acerca y te propone ir a comer, ¿Dónde? Al restaurante de toooodos los días, que tiene el ya clásico menú de los lunes, y esa típica camarera que parece mas preocupada por mantener intacta su cara de limón agrio que por cualquier otra cosa en el mundo.
Vuelta al trabajo, solo tres horas mas para volver al mismo tren con similares caras, que no personas, e idénticas actitudes.

En fin parece que a dios gracias el día toca a su fin y mientras preparo algo de cenar oigo en la televisión a otro político más, prometiendo algo que, por supuesto por rutina, no cumplirá. Lo único que queda por hacer, es esperar la lenta caída de mis parpados, mientras dejo que unos recuerdos invadan mi mente, que se adueñen de mi realidad, recuerdos de mi ultimo viaje, de lo que allí vi, de lo que de allí me enamore, de lo que ocurrió, de una vida no disfrutada pero no por ello no añorada. Entonces una leve sonrisa usurpa mis labios y recorre mi cara, gracias a esos pensamientos la rutina se ha roto por un momento, el mejor momento del día, solo un instante, es justo el instante en que pierdo mi consciencia para dar paso a esa otra vida, la que nunca tiene limites, la que me lleva de mi mundo actual a otro mas querido, la de mis sueños, la irlandesa…

2 comentarios:

Alma dijo...

Si cada día fuera maravilloso, con esa persona, en ese lugar, en ese trabajo... estarías enamorado de la rutina. A mi es lo que me pasa. La rutina no teine porqué ser algo negativo. Si tu rutina maravillosa está en Irlanda, trata de conseguirla.

Saru dijo...

Celebro que no te quedaras en Irlanda, y espero que los billetes a Australia suban, de hecho me voy a hacer accionista... :P
Un besazo!
Saru.